por Eduardo Bonces
Ellos hacían contorsiones por entre las cosas, se ubicaban en los árboles, en los postes, en medio de las personas, asumían posiciones increíbles. Escalaban los postes y las vigas. Eran actores vestidos de colores, cada uno de una raza diferente. Cuando se encontraban hacían figuras con sus cuerpos, imposibles para cualquiera que no estuviera preparado. Expectante, una masa de personas los seguía con la vista. De un momento a otro los actores se integraron el público, empezaron a integrarlos al espectáculo, a utilizar las piernas de los espectadores como punto de apoyo. Por los parlantes ubicados frente a la torre del reloj comenzó a sonar la música, los actores se movían con la melodía y escogieron a cinco personas del público con los que también bailaron mientras el resto de los espectadores miraban atónitos. Era la obra del colectivo Da Motus Con Tatto, Uno de los grupos que participó en el VIII festival internacional de teatro callejero “Al Aire Puro”.